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Domingo - 26.Mayo.2019

Entrevista a Patricio M. Castro, economista principal de la división de Finanzas Públicas del FMI.

Patricio M. Castro, doctor por las universidades de Stanford y Buenos Aires, ha sido durante 23 años economista principal de la división de finanzas públicas del Fondo Monetario Internacional. Ha visitado Cesuga para participar como ponente en las jornadas sobre “La cooperación financiera internacional. La ayuda al desarrollo” y charlamos con él en una mañana marcada por los indicadores económicos negativos en Argentina, su país, que sin embargo no le hace perder ni el buen humor ni la capacidad de análisis. “El FMI ha pasado de ser el árbitro de la actividad económica a ser el prestamista de última instancia de países necesitados. Como Argentina, que me temo que va a volver a caer”.

- Entre los asistentes a las jornadas se encontraban los alumnos de ADE del centro. ¿Se puede dirigir hoy una empresa sin tener en cuenta la internacionalización de la economía? 

- Es impensable. Cualquier gestor tiene que conocer cómo funciona el mundo global, un mundo en el que está todo interconectado. Esta tendencia es ya irreversible. Las posturas neo-nacionalistas de Trump o Salvini no van a revertir este proceso.

- Pero parece que les están haciendo ganar elecciones

- Sí. El nacionalismo populista rinde resultados políticos a la hora de cosechar votos. Pero luego resulta imposible adoptar las políticas que se han prometido. Fue lo que sucedió cuando Trump amenazó con cerrar las fronteras con México. En apenas dos días se generó tal caos que las grandes empresas estadounidenses advirtieron al presidente de que se corría el riesgo de desabastecimiento de productos o paralización de la producción en determinados sectores.

- ¿Sigue la idea de cooperación al desarrollo tan presente en la agenda del siglo XXI como lo estuvo en el último cuarto del siglo XX?

- Sinceramente, mi percepción es que no. Ha cambiado la perspectiva. Mi generación la generación de mayo del 68, sentía que la cooperación con los países menos favorecidos era una obligación; hoy eso se ha perdido. El mundo es hoy más “ombliguista” y hay una tendencia a mirar solo por lo propio.

Espero que los alumnos de un centro como éste se den cuenta de que forman parte de un grupo privilegiado; en un mundo de 7.000 millones de habitantes, el acceso a la educación superior de calidad sigue siendo minoritario. Y que ese carácter privilegiado conlleva también una responsabilidad. Y esto nos lleva de nuevo a la necesidad de conocer bien cómo funciona la globalización.

En un mundo en el que todo está interconectado, los movimientos de los grandes inversores o de las grandes empresas afectan enormemente a las economías locales. Si no lo tenemos en cuenta, la ayuda al desarrollo se convertirá solo en algo paliativo, como darle una aspirina a un enfermo de cáncer.

- Has pasado más de 20 años en el FMI ¿Crees que es una institución bien conocida?

- En general se habla de ella con poco conocimiento. Para los políticos del mundo en desarrollo es un recurso sencillo echarle la culpa al FMI de todo lo que va mal. En los 23 años que yo pasé allí, la institución ha cambiado mucho. Era un organismo muy vertical, autoritario en el sentido de que se creía en posesión de la verdad económica y acudía a los países no a negociar sino a imponer su visión de las cosas. Esta actitud ha cambiado ya que los resultados obtenidos no siempre fueron los deseados, lo que probaba que esas recetas, supuestamente infalibles, no lo eran tanto. Y luego, la interlocución ha cambiado también.

Hoy en día, incluso los países más pobres tienen entre sus funcionarios a personal formado en las mejores universidades del mundo. Ya no puedes sentarte a hablar con ellos y decirles que no saben.

Etiquetas CESUGA
30/04/2019